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29.12.10

Piernas saladas

Más allá del nivel de antisociabilidad que te caracteriza, lo pasamos bien.
Las olas que son infinitas y te mojan los pies, tu piel salada. Niños con pañales, caracoles, gente levantándolos, asumiendo su supremacía como humanos y que al caracol no le va a joder en absoluto ser levantado pro una mano burguesa, y pasar a ser adornito de casa o juguete momentáneo de pendejo caprichoso.
En esa camioneta hacía mucho calor y te cara me ponía incómoda, esta es la historia de otra masoca más, que se queda con la mujer de su vida, que es amargada y un poco basura, pero tanta piel hay.
No le podemos contar lo lindo que cojemos a la gente que nos mira con cara de extrañamiento brechtiano al sabernos juntas y desoladas y quizás un poco incómodas. No.
No nos interesa. Y tener metas en común también es una linda forma de inventarse una vida. Excusas. La playa te relaja y el sábado a la tarde me hiciste masajes. Suavecitos, porque el clonazepam te quita bastante vida y en fin.
Fue lindo coincidir en caminar un poco más, pero encontrarnos un lugar alejado. Fue lindo que la playa no estuviera abarrotada de gente que no, o gente que si o que ni. No somos playeras que gustan de churros, tejos, juegos de cartas o pelota paleta. No. Nos gusta encontrar una linda sombrita al pie del médano, encender un cigarrito de marihuana y quedarnos así, mirando el mar, siendo mecidas por el aire salado y el sonido, rodeadas de gaviotas que planean mas no planifican.
"Me encantaría ser gaviota", fue lo primero que me dijiste desde que te dieron el alta. Tres días sin hablar, me hiciste acordar a esa película animada, la niña tejiendo en mudismo para liberar a sus múltiples hermanos, que habían sido convertidos en pájaros por alguna bruja malévola, para vengarse con sangre caliente y joven. Caliente y joven.
Creo, y quizás lo tema, no poder olvidar nunca más tus ojos mirándome desde esa cama blanca y horrible. Por momentos tenías la mirada perdida, habías dejado tu cuerpo y estaba bailando ska en la estratósfera, no estabas ahí, me abandonabas para no llorar por tus debilidades. Luego volvías y no dejabas de mirarme, seguías con la mirada todos mis actos. Y me sonreías como mostrándome un desconocido lugar de libertad en vos.
Me encantaría ser gaviota y te miré. Mirabas los pájaros y no te inmutaste. No te dije nada, pero te di un beso en la pierna, mi voz había sonado demasiado esos días como para que siguiera sonando sin sentido, diciendo estupideces. Me enamoré de vos porque no hablas al pedo. Nunca te escuché hablar del clima en un ascensor, ni de ropa, ni de dinero, ni de imbecilidades varias.

21.12.10

Y el mar

Si fuera estúpida podría decir que los milagros de navidad existen, pero vos y yo sabemos que estúpida no soy: creo en los milagros cotidianos, pero no en la navidad. Bueno, para, podríamos debatir amigablemente acerca de la energía en esta época del año, y yo creo que es diferente, por varias cosas. La gente tiene otra vibra, uno mismo está mixturado en su interior con muchas sensaciones diferentes y el solsticio también influye. Hoy es el solsticio, hoy es 3.3.3. y ayer a la noche me llamó de onda Pilar y me dijo que te dan el alta. Y lloré un poco, porque no tenía nada de ganas, pero nada de ganas de pasar un día de fiesta en un hospital. No es porque las fiestas me encanten y me importen mucho, pero se ve que algo reacciona en nuestro inconsciente cuando un algo externo nos condiciona la libertad para elegir dónde pasar esos momentos que se suponen fiesteros.
Así que ya tengo todo pensado. Te llevo a la playa.
Con tu abuela no hay problema porque se queda con sus 3 hermanas y toda esa cantidad enorme de hijos y nietos. Nosotras nos vamos, infringiendo la ley de tu familia por primera vez. Claro, las navidades anteriores yo no estaba como para secuestrarte un ratito y llevarte al mar.
Nos vamos mañana, te dije. No entendías mucho, pero últimamente la expresión de tus ojos me dice que si todo el tiempo. Y aprovecho eso para decirte muchas cosas que en otro momento no podría decirte.
Estas hablando poco, moves la cabeza para contestar la mayor parte del tiempo y no tenés mucha fuerza. Le pregunté a Pilar si todas estas reacciones nuevas son comunes y me dijo que sí, que no deje de darte la pastilla de la mañana y la de la tarde, que te cuide y que a la vuelta del mar tenía que buscarte un psiquiatra y un psicólogo porque corríamos el riesgo de que vuelvas a querer irte y "eso no da", la interrumpí, con mi vocabulario tan pobre de pelotuda desesperada.
Llevo tres libros para leerte: dos antologías de cuentos y una novela de Puig. Llevo protector solar y una esterilla. No tengo sombrilla, pero no nos importa.
Nos vamos mañana, te repetí. Nos lleva un amigo de Capital que tiene una camioneta y se va para Mar del Plata. Nos deja en la ruta y ahí nos arreglamos, se me va la poesía, Lucía. te tragaste la poesía y no me la vomitaste a tiempo y me quedé así. Dura e ilusa.

16.12.10

273

Me encantaría poder seguir durmiendo, aunque el solazo entre por la ventana y me tape de calor. No hay muchas cosas que me consuelen, aunque ayer estuve tan feliz. Tener que cumplir con obligaciones faltando quince días para que termine el año me pone un poco loca, o triste, o me aburre. Mi nivel de intolerancia para con todas las cosas está creciendo abominablemente. Quizás sea mejor que. No son todas las cosas las que me producen crispación, son las habladurías, más que nunca, las miradas fuera de lugar. Me encantaría andar preguntando "Qué mirás, loco?" por doquier, a todos los hombres (si, hombres) boludos que te miran con cara de pajeros, me pongo muy celosa, Lucía. No lo tolero, no me toleres, pegame o puteame, pero perdoname también, ya se me va a pasar. A mí también me miran los hombres, pero yo me doy cuenta y los echo con una mirada fulminante y una cara de culo épica. Tampoco me gusta cuando los pajeros se imaginan pedorradas y babean si les contas que te vas con una amiga de vacaciones. Es una amiga. Punto. Imbécil. Idiota. Pajero del orto.
Ves cómo estoy? Ir a visitarte al hospital con este calor es muy arduo, voy a hablar con propiedad por una vez en la vida. Pero tu nona no puede ir todos los días. El lunes la voy a ir a buscar y con ucha paciencia la voy a meter en el 273 para que te vea un ratito, pobre la vieja, te extraña. Hablamos día por medio, la llamo yo, desde el trabajo. Y me pregunta siempre lo mismo, generalidades o especificaciones sobre tu estado de salud. También se preocupa mucho por saber si vas a pasar las fiestas internada o no. Y eso todavía no se sabe, Pilar, la enfermera uruguaya, no nos dice nada todavía, cuando le pregunto, contesta con evasivas. Yo creo que tendré que llevar el turrón al puto nosocomio. ¿Me dejarán entrar una sidra?

14.12.10

Lucía

Ella duerme y sueña con tortas de durazno que jamás comerá.
Lucía me dijo que de noche no apaga se teléfono, no le importa estar en el hospital y tener que guardar silencio, guardarlo en el bolsillo del pijama marrón, guardárselo en la garganta. Ayer, mientras la cuidaba de noche, durmiendo en el silloncito de la habitación, porque la habitación tiene silloncito y tv, es un hospital privado y caro y rosa, todo es rosa o cremita en ese templo de la salud, le sonó el teléfono cuatro veces. Lucía no atendió: es él y me está rompiendo las pelotas. No quiero verlo, me da miedo ese señor, no lo entiendo, no me da confianza, es ambivalente y a veces me usa. Me usa como un depósito libidinario, me dijo, angustiada.
Imaginé prácticas con sangre y fósforos. Entonces apagá el teléfono, y tratá de pensar en cosas rosas, y en algodones de tul que te acarician las tetas.
Lucía se durmió a la una y media, y ese aparato no sonó más, yo soñé con radiografías de vidrio y la noche se envolvió bajo esos párpados transparentes que a veces añoramos.